Amparo en una lectura, presión en la contraria. Las dos siguen vivas porque quienes sueñan describen esa figura en los dos registros, a veces el mismo año.
Pocas figuras del diccionario reciben lecturas tan opuestas como la del padre. Una corriente antigua lo trata como amparo, autoridad y reglas heredadas; otra entiende su aparición como exigencia, expectativa y la sensación de que te miden. Las dos siguen en pie porque quienes sueñan describen la figura en ambos registros.
En los tratados clásicos el padre representa la estructura, o sea la parte de la vida que tiene que ver con el deber, el sostén y los límites. Un padre tranquilo se tomaba como esa estructura aguantando, y uno enfadado o ausente como esa misma estructura puesta en duda. Los intérpretes de ahora reformulan la escena como una conversación con una voz de autoridad que llevas dentro, la instalase quien la instalase.
Soñar con un progenitor que ha fallecido es muy habitual y suele recordarse con nitidez. No se entiende como un contacto ni como un mensaje en ninguna interpretación que este diccionario pueda respaldar. Lo que más se cuenta es lo cotidiano del encuentro: una cocina, un viaje en coche, una charla sobre nada en particular. Quienes trabajan con el duelo observan que estos sueños suelen consolar y que vuelven alrededor de las fechas señaladas, y a mucha gente ese marco le sirve más que el simbólico.
Vale la pena fijarse en si aquel hombre se comportaba siquiera como tu padre. Se cuenta a menudo un padre con cara de desconocido, o un desconocido del que sencillamente sabías que era tu padre, y esa distancia se lee como algo referido al papel y no a la persona.
Ningún diccionario puede decirte qué significa un padre, porque la palabra llega cargada mucho antes que cualquier símbolo. Quien creció con un padre presente y cariñoso y quien no llegó a conocer al suyo no están mirando la misma imagen, y la ficha tiene que doblarse a la vida y no al revés.


