La trama se borra y queda el ambiente. Cómo representa esta figura el cuidado recibido y el que se reparte ahora, y por qué depende tanto de cada vida.
Quien sueña con su madre casi nunca recuerda la trama. Lo que queda es el ambiente: calor, tensión, alivio, la sensación rara de volver a la infancia en aquella habitación. Esta figura se toma como imagen de toda la relación de una persona con el cuidado, tanto el que recibió hace años como el que reparte ahora, y no como un mensaje de la madre real ni sobre ella.
Esta distinción cambia la lectura más que ninguna otra. Si vive, el sueño se entiende en términos del vínculo actual, de sus comodidades y de sus roces. Si murió, la escena es enormemente frecuente durante el duelo, y mucha gente la describe como la parte más consoladora de todo el proceso. Quienes estudian el duelo registran a menudo estos sueños y los consideran un rasgo corriente del luto. Aquí no se afirma nada sobre qué son, en ningún sentido, pero el consuelo que la gente saca de ellos es real y merece respeto.
Nada más en este diccionario descansa tanto sobre el individuo. Para una persona la figura es la seguridad misma, para otra es el origen de una dificultad que ha costado años de trabajo, y para una tercera, adoptada, distanciada o huérfana temprano, la imagen puede estar montada con piezas de alguien completamente distinto. Cualquier lectura general tiene que ceder ante lo que esta persona, en esta vida, significa de verdad para quien la sueña.
Un último apunte. Un sueño con la madre no dice nada sobre su salud ni sobre sus circunstancias, y nunca debería tratarse como una noticia acerca de ella.


