Sale en sueños a cualquier edad y sobre todo después de una muerte, y las tradiciones lo leen como la línea que viene detrás de ti.
En casi todas las tradiciones que se ocupan de las figuras familiares, el abuelo representa la línea que tienes detrás: el carácter heredado, la autoridad antigua, un juego de normas que ya estaba puesto cuando llegaste. Asoma con la misma facilidad esté vivo o lleve años muerto, y su presencia no se toma jamás como noticia sobre la salud ni sobre los años de nadie, ni siquiera los suyos. Vale la pena decirlo pronto, porque estos sueños llegan con bastante frecuencia en las semanas siguientes a un entierro y ahí la gente sospecha otra cosa.
Al hombre mayor de un sueño se le lee más como consejo que como orden. Sale en los momentos en que hay algo que sopesar, y quien lo sueña cuenta muchas veces que hablaba poquísimo, o que dijo una sola frase sencilla que se le quedó grabada varios días. Si la relación despierta fue cálida, la lectura tira hacia el apoyo y la continuidad. Si fue distante o difícil, la misma figura pasa a leerse como cuentas familiares sin saldar, y ninguna de las dos versiones es mejor sueño que la otra.
Quien ha perdido a un abuelo lo sueña de forma de lo más normal: sentado en su sillón, conduciendo, sin decir nada especial. Estos sueños se cuentan muchísimo durante el duelo y también muchos años después, y la mayoría de quienes los tienen los encuentran consoladores en vez de inquietantes. Ninguna tradición te obliga a buscar un mensaje ahí, y nada indica que el sueño anuncie otra pérdida.
Aquí una lectura general no compite con un recuerdo concreto. Alguien criado por su abuelo sueña con un padre, lo archive como lo archive un diccionario. Alguien que lo vio dos veces sueña con una fotografía. Antes de consultar ninguna lista, pregúntate qué representaba en tu casa y qué quedó sin decirse entre vosotros dos, porque de ese material está hecho el sueño.


