Quien cuenta este sueño casi siempre menciona la edad con la que salía su hermano, y ese detalle suele decirle más que cualquier lectura general.
Al describir este sueño la gente da la edad antes que ninguna otra cosa: tenía siete años, estaba como está ahora, era las dos cosas a la vez. Los intérpretes se lo toman en serio, porque un hermano que aparece mucho más joven se lee en general como perteneciente a la época de la que va vestido y no a la actual.
Un hermano soñado se lee en dos planos al mismo tiempo. Está el hombre concreto, con la relación concreta que tenéis, y está el puesto que ocupa: la historia compartida, la rivalidad, el hecho de medirse con alguien criado en la misma casa. Lo heredado suele poner la protección y la competencia como los dos extremos de la imagen, y casi todos estos sueños caen en algún punto intermedio.
La cercanía, la distancia, la rivalidad o la pérdida en la relación real dan forma a lo que sueñas mucho más que cualquier entrada general, y por eso las páginas de hermanos de los manuales antiguos están entre las menos útiles del libro.
Las discusiones entre hermanos son de las versiones más contadas y suelen leerse como asuntos sin cerrar antes que como algo del presente. Rescatarlo, o que él te rescate, cae del lado de la lealtad de esa misma relación. Buscarlo entre una multitud y no dar con él es una escena aparte, entendida por lo común como una distancia que ha crecido sin que ninguno de los dos lo decidiera.
Soñar con un hermano que no existe pasa lo bastante como para tener su propia glosa. Los intérpretes suelen tratar a ese hermano inventado como una versión de ti o como el aliado que querrías tener en una situación difícil. Si eso encaja lo juzga quien sueña, y aquí la interpretación de los sueños no ofrece nada más autorizado que una sugerencia: habla de sensaciones, no de esa persona ni de lo que esté haciendo.


