El agua subiendo por la escalera mientras miras. La versión más repetida habla de una presión que crece más deprisa de lo que puedes atender.
Las inundaciones aparecen en semanas en las que pasan demasiadas cosas a la vez, que es más o menos como se interpreta la imagen: una presión que sube más deprisa de lo que se puede atender y que viene de un sitio que no controlas. El agua se describe casi siempre llegando, no estando ya ahí.
Las dos mitades de este sueño se leen de forma muy distinta. El agua trepando por la escalera, colándose bajo una puerta o llenando una habitación se asocia con las exigencias que se amontonan y con el esfuerzo de ir por delante de ellas. La escena posterior, con el barro, los destrozos y un silencio raro, se entiende como lo que queda cuando una crisis pasa, y se cuenta más con tristeza que con miedo. Ambas pertenecen al mismo sueño y se pasa de una a otra sin darse cuenta.
Desde hace mucho los intérpretes se fijan en qué aspecto tenía el agua. La crecida transparente se toma como una emoción que al menos puedes leer, por mucha que haya. El agua espesa, oscura o con cosas flotando se toma como confusión mezclada con la presión. Y mirar desde un alto o estar dentro del agua vuelve a mover la lectura.
Para bastante gente esto no es ningún símbolo. Quien ha perdido una casa por el agua, o vive donde se desborda casi todos los inviernos, puede estar soñando con un hecho real y con un miedo real, y ahí un diccionario de símbolos no tiene nada que decir. Incluso dejando eso aparte, un aguacero contra la ventana se cuela en la noche con facilidad. Lo que el agua signifique para ti va primero; la lectura heredada solo se añade después.


