Agua que se ha parado, y por eso la imagen se lee como algo retenido en su sitio, sea eso seguridad o sea no poder moverse.
Empieza por el dormitorio, porque esta es una de las imágenes que tiene causa física con bastante frecuencia. Una habitación helada, una manta que acaba en el suelo o una ventana abierta en enero meten frío en el sueño, y alrededor de esa sensación se monta una escena. Descontado eso, la lectura tradicional habla de quietud: el hielo es agua detenida, y la escena se toma por algo de tu vida que está retenido, ya lo notes como seguridad o como no poder moverte del sitio.
Buena parte del vocabulario emocional ya es temperatura. Uno se enfría con una idea, le hace el vacío a alguien, se entusiasma con un desconocido. Al dormir, esas expresiones se toman al pie de la letra, y por eso una discusión que acabó en silencio reaparece de noche convertida en lago helado. Aquí la interpretación sigue el idioma de los sentimientos y no el parte del tiempo.
Conviene añadir que quien creció caminando sobre lagos helados y quien nunca ha visto congelarse el agua quieta no están soñando con la misma sustancia. Para el primero, el hielo es una superficie con reglas, comprobada cada invierno. Para el segundo, un peligro exótico visto por televisión. Tu experiencia con esa materia marca el tono antes de que ninguna lectura heredada abra la boca.


