Mitad órgano y mitad metáfora, el corazón se lee como aquello en lo que más te has jugado, y por eso conviene saber cuál de los dos soñaste.
Todas las tradiciones le piden al corazón dos trabajos a la vez y los sueños heredan el lío: es el órgano que mantiene un cuerpo en marcha y es también la manera corriente de nombrar el amor, el valor y la sinceridad. Por eso, cuando aparece en un sueño, se entiende que representa aquello en lo que más te has implicado, y los intérpretes empiezan preguntando si soñaste el órgano o la metáfora, porque esas dos respuestas tiran hacia lados contrarios.
Que te pongan un corazón en las manos, o entregar el tuyo, se ha entendido como un traspaso de confianza, y las fuentes viejas se fijan mucho en si el intercambio se quería o no. Uno que late fuerte en una escena por lo demás silenciosa se asocia con la urgencia, con algo que ya no se deja ignorar. Uno partido o dividido se lee como lealtad repartida más que como pena a secas, y quien da por hecho que la cosa iba de amores descubre a menudo que iba de una familia o de un empleo.
Despertar con el pecho golpeando después de una escena intensa es comunísimo. Salir de golpe de un sueño movido, dormir boca abajo, un café tardío o una racha durmiendo mal dejan el latido bien audible, y un latido audible se cuela sin esfuerzo en el relato que ya estaba en marcha. Nada de eso diagnostica nada. Los sueños no transportan información sobre el estado de un cuerpo, ni el tuyo ni el de nadie, y lo que de verdad te inquiete en ese terreno pertenece a una conversación con una persona cualificada y no a un libro de símbolos.
Los textos funerarios del antiguo Egipto pesaban el corazón para juzgar una vida, los autores medievales europeos lo hicieron sede del valor, y varias tradiciones colocan el pensamiento en el pecho y no en la cabeza. Son posiciones culturales antes que datos sobre el dormir, y sirven sobre todo para ver hasta dónde se puede estirar una sola imagen.
Tu propia historia marca el tono antes que ninguna de ellas. Alguien que ha pasado noches enteras pendiente de un familiar enfermo llega a esta imagen por ese recuerdo, y ese peso privado gana siempre al sentido general.


