Lo primero que pregunta cualquier lectura es de quién era la boda, porque lo dicho sobre la tuya y sobre la ajena apenas coincide.
Lo primero que quiere saber cualquier lectura de este sueño es de quién era la boda, porque los sentidos heredados apenas se solapan. La ceremonia propia se interpreta por costumbre como compromiso, o como dos partes de tu vida que se juntan. Asistir a la de otra persona se interpreta como presenciar un cambio en el que no tienes mano. Y la boda que se desmorona, que es con muchísima diferencia la versión más contada, recibe un trato aparte.
Sin vestido, sin invitados, en el sitio equivocado, con una pareja que no aparece, con nadie que avisara al catering: la gente describe estas escenas muchísimo más que una boda que sale redonda. Lo que se lee en ellas no es que una relación esté condenada. Van en el mismo paquete que los sueños de examen y los de llegar tarde, todos entendidos como actuar delante de un público, y la angustia pertenece a quien sueña, no a nadie a quien quiera.
Existe además una explicación de lo más prosaica allí donde toque. Quien está organizando una boda de verdad sueña con bodas hasta el agotamiento, una vez y otra, y sobre todo con todo lo que puede salir mal. Eso no es simbolismo. Es una lista de tareas que sigue funcionando después de apagar la luz.
Los intérpretes antiguos aplicaban esta imagen mucho más allá del amor. Dos casas que pasan a ser una servía de dibujo para una sociedad comercial, para una familia que se recompone tras años de silencio o para alguien que consigue sentar en la misma habitación dos mitades de su carácter. Esas lecturas amplias sobreviven justamente porque el sueño sale mucho en personas sin ninguna situación romántica.
El material tradicional sobre la boda arrastra también bastantes supuestos de época sobre lo que el matrimonio debía significar para un hombre y para una mujer. Esa parte se ha quedado donde estaba.
Quien lleva cuatro banquetes este verano sueña con bodas como sueña con aeropuertos, de puro mobiliario reciente. Quien lleva años esperando una petición sueña con la misma sala en otro tono por completo. El sueño echa mano de lo que la palabra ya cargaba antes de buscar ningún sentido general.


