Casi todo el que busca esta ficha llega con una idea hecha, y suele ser la equivocada: el beso se interpreta más como sello que como deseo.
Quien busca esta imagen suele llegar con la respuesta ya decidida, y esa respuesta cae en el extremo equivocado de la tradición. Un beso soñado se entiende con menos frecuencia como deseo que como acuerdo: las recopilaciones antiguas lo tratan como un sello puesto encima de algo, un vínculo reconocido, una riña cerrada, y de vez en cuando como un gesto falso cuando venía de alguien de quien el durmiente desconfía. La atracción está ahí, pero como una posibilidad entre varias y no como la ficha entera.
Se va derecho a esto, y es donde la lectura de diccionario se agota antes. Besar a la pareja se mide contra cómo estén las cosas en vuestra relación y se considera poco significativo. Besar a una amiga, a un compañero de trabajo o a alguien en quien jamás pensarías es la versión que alarma, y lo que suele decirse no tiene que ver con una atracción escondida: la otra persona representa a menudo una cualidad suya con la que has estado lidiando, y la cercanía es el modo tosco que tiene un sueño de decir que has asimilado algo. Besar a un desconocido cuya cara nunca se define apunta a algo nuevo y no a alguien nuevo.
Un beso rechazado, interrumpido o imposible de completar pertenece a los sueños de frustración y no a los románticos. También la variante en la que la otra persona se queda impasible. Se toman como una conexión intentada que no llega a prender, y eso puede ir de una amistad o de un trabajo igual que de un romance.
Un beso carga con lo que ya carga para ti, y eso varía muchísimo entre personas, y también entre culturas donde el gesto es un saludo en lugar de una intimidad. Alguien para quien es el hola de cada día no está soñando lo mismo que alguien que lo reserva por completo. Empieza por tu propia idea del gesto y mira después si la tradición añade algo que merezca la pena.


