De los pies se recuerda el estado: descalzos, sucios, atascados o doloridos. Lo que se interpreta ahí es la autonomía, el rumbo y el peso que puedes sostener.
De los pies soñados se recuerda el estado: descalzos, sucios, sangrando, hundiéndose o negándose a avanzar. Lo que se interpreta ahí es el apoyo que tienes en la vida, entendido como autonomía, rumbo y capacidad de sostener tu propio peso.
Cuánto de esto te sirve depende de ti. Una bailarina, una enfermera que acaba un turno de doce horas y alguien que convive con dolor de pies llegan a la misma imagen con asociaciones distintas, y esas asociaciones valen más que la lista de arriba.
Durante la fase en la que soñamos el cuerpo mantiene quietos casi todos los músculos voluntarios, lo que impide representar lo que se está viendo. A veces esa quietud se percibe desde dentro del sueño, y unas piernas que no obedecen son una de las formas en que asoma. La sensación inquieta y es de lo más común. Saber el mecanismo no vacía la imagen de sentido, pero explica por qué vuelve.
Antes de preguntar por los pies, los intérpretes preguntan qué pisabas. Arena, hielo, cristales, hierba caliente o un mármol mojado cambian el cuadro entero, porque la costumbre es tratar el par como una sola imagen: lo que te sostiene y lo que te lleva por encima.


