El pan carga con más peso cultural que casi ningún objeto de este diccionario, y las lecturas antiguas reflejan siglos de ese significado acumulado.
En muchísimas culturas el pan es la comida que representa a la comida entera, y las tradiciones oníricas heredaron ese atajo tal cual. Lo que se dice casi siempre habla de sustento: tener bastante, poder ofrecer un poco y la tranquilidad que da lo uno junto a lo otro. Compartir el pan arrastra una segunda asociación igual de antigua con la hospitalidad y la bienvenida.
En las tradiciones oníricas de Oriente Medio y del Mediterráneo el pan aparece muy ligado al alimento y a la casa que provee a los suyos. En parte del norte de Europa el acento cae más sobre el trabajo, sobre el pan como resultado visible de un esfuerzo. Son herencias culturales y no significados universales, y resulta más honesto atribuirlas que presentar cualquiera de ellas como la única.
El hambre produce sueños de comida, cosa bien documentada que cubre una parte razonable de estos relatos. Quien se acostó sin cenar tiene una explicación directa disponible antes que ninguna interpretativa. En una casa donde se amasa cada semana, el pan arrastra asociaciones que ninguna ficha puede adivinar, y esas asociaciones van primero. Nada de lo anterior habla de tus ingresos ni de tu futuro, y no debería usarse de esa manera.


