Los sueños de multitud suelen venir después de días muy concurridos, y la lectura depende casi entera de si te movías con la masa o te habías quedado varado.
Los sueños de multitud suelen llegar después de días concurridos. La lectura heredada mira tu vínculo con la gente tomada en bloque y no con nadie en particular, y todo depende de si formabas parte de esa masa o te habías quedado varado en mitad de ella.
Avanzar con la multitud, a su ritmo y sin apuros, se entiende como pertenencia, y a veces como un apunte para ti sobre lo fácil que te resulta seguir la corriente. No poder moverte, o que te empujen hacia donde no elegiste, se liga a obligaciones que han dejado de ser opcionales. Buscar una cara concreta es una versión que se describe constantemente y suele hablar de necesitar algo muy específico de una situación que te ofrece de todo menos eso. Quedarte al margen mirando se toma como distancia, cosa que la tradición no considera buena ni mala en sí.
Importa qué hace la multitud. Una que te ignora por completo se conecta a menudo con sentirse sin reconocer. Una que se gira y te mira es una de las estampas clásicas de la exposición y va en el mismo grupo que los sueños de aparecer sin preparar o sin ropa en público. Una multitud muda resulta rara, se cuenta más de lo que parecería y se entiende como un público cuyo juicio no consigues leer.
Aquí las diferencias entre personas mandan más que el símbolo. Quien es más feliz que nunca en un estadio lleno y quien tiene que salirse de una tienda concurrida a los diez minutos pueden soñar exactamente lo mismo y estar contando dos experiencias distintas. La vida reciente también cuenta. Fiestas, transporte en hora punta, manifestaciones, bodas y la primera semana de curso producen sueños de gentío por motivos que no piden interpretación ninguna.


