Un ave doméstica haciendo cosas domésticas, que es justo como la toman las lecturas viejas: asuntos pequeños de casa, sustento modesto y bastante alboroto.
Una gallina en sueños es un animal doméstico haciendo trabajo doméstico: escarbar, alborotar, poner, dejarse contar. Las lecturas viejas siguen esa línea de cerca y toman al ave como imagen de los asuntos pequeños de la casa, del sustento modesto y de ese cuidado algo nervioso del propio trozo de tierra.
Las tradiciones rurales de Europa y de Asia dieron a la gallina una fama estable y poco brillante. Una gallina con pollitos representa el cuidado y la responsabilidad hacia quien depende de ti. Una gallina poniendo se asocia al rendimiento lento del trabajo corriente, del que se acumula en lugar de llegar de golpe. Las gallinas dispersándose asustadas son una de las estampas más antiguas del pánico pequeño que recorre un grupo, y el gallo cantando se entiende como una llamada, una noticia, o simplemente la sensación de que algo se anuncia antes de que lo esperaras.
En español el ave arrastra su propia capa de lengua: llamar gallina a alguien significa cobarde desde hace siglos, y andar como pollo sin cabeza describe el esfuerzo frenético que no lleva a ninguna parte. Esos dichos se cuelan directamente en los sueños. Quien lleva una semana oyendo que se calme bien puede producir la imagen sin que intervenga ni una pizca de folclore, y quien interpreta suele aceptar el juego de palabras como el significado.
La lectura cambia muchísimo según hayas tenido aves o no. Para quien creció echándoles de comer cada mañana, el animal es cercano y concreto. Para quien solo se cruza con el pollo en el plato, la imagen tira más hacia la comida o hacia el asco. Para quien a los seis años salió corriendo por un corral perseguido por un gallo de mal carácter, no tiene nada de apacible. Coge primero tu propia versión.


