Una de las pocas imágenes cuyo sentido está en su forma: dos direcciones, esfuerzo en una, velocidad en la otra, y cambio de nivel en cualquier caso.
Una escalera es de las pocas imágenes oníricas que llevan el sentido metido en su forma. Va en dos direcciones, cuesta esfuerzo en una y ofrece velocidad en la otra, y las lecturas la han usado siempre para el cambio de nivel: la posición, el ánimo, la comprensión o simplemente hacia dónde se dirige quien sueña dentro de una casa que hace de vida.
Subir se glosa como un avance que se está pagando, y quien cuenta que llegó sin aliento suele estar describiendo algo bastante exacto de su semana. Bajar se lee de más maneras. Unas tradiciones hablan de declive, otras de volver a por algo que se quedó atrás, y las listas modernas se inclinan claramente por lo segundo. Quedarse en la escalera sin moverse va derecho a las lecturas sobre la indecisión, y se cuenta sin parar.
Las variantes que se recuerdan son casi siempre aquellas en las que la estructura no cumple:
Ninguna de estas cosas es un pronóstico. Describen una sensación sobre una dirección de marcha, que es algo muy distinto.
Si convives con unas escaleras que te cuestan, o te has caído hace poco en unas, lo más probable es que la imagen esté contando tu día y no tu destino. La sensación y el recuerdo reciente entran en los sueños con mucha más facilidad que los símbolos.


