Una imagen circular que la tradición nunca ha resuelto: descanso que hace falta en una lectura, y algo que se está durmiendo por encima en la otra.
Soñar que estás durmiendo tiene una circularidad rara y la tradición nunca ha decidido del todo qué hacer con ella. Una lectura lo toma al pie de la letra, como descanso que le falta a quien sueña y que además lo sabe. Otra lo toma como evasión, la estampa de alguien que mira hacia otro lado mientras las cosas siguen sin él. Son incompatibles, lo que es buena señal de que ninguna es una regla.
Ver el propio cuerpo dormido desde fuera se cuenta lo bastante como para haber juntado sus propias glosas. Las fuentes antiguas hablaban del alma apartándose, afirmación que esta ficha no hace suya. Las lecturas contemporáneas son más modestas y lo entienden como autoobservación, quien sueña mirando su estado desde una distancia que en vigilia no consigue. Mucha gente lo describe como algo tranquilo y no como algo temible.
Hay una variante peor: quien sueña sigue dormido mientras los acontecimientos avanzan, un tren que sale, un teléfono que suena, alguien esperando. Va muy cerca de los sueños de llegar tarde y se lee como el miedo a perderse un momento que no se repetirá. Se concentra, como cabe imaginar, alrededor de las entregas y de las temporadas de agotamiento. El detalle que todos repiten es el esfuerzo por salir a flote sin conseguirlo.
Merece nombrarse con claridad porque desconcierta bastante. Soñar que te has levantado, que has salido de la cama y empezado el día, para despertar después de verdad, es una experiencia bien documentada y puede repetirse varias veces en una misma noche. No es un símbolo y no necesita interpretación, aunque quien atraviesa semanas de tensión la cuenta más.
Cómo duermes de verdad marca el tono de esta imagen mucho antes que cualquier tradición. Quien va tirando con cinco horas no la lee igual que quien descansa bien.


