Uno de los sueños que más gente cuenta en cualquier parte, leído como pérdida de apoyo, y de los poquísimos que tienen además una explicación física bien documentada.
Caer figura entre los sueños más contados en todo el mundo y su lectura clásica es directa: se te va el suelo, falta el apoyo, hay una situación para la que ya no te sientes a la altura. Es además de los poquísimos casos en los que junto a la interpretación antigua hay una explicación física bien documentada.
Cuando el cuerpo entra en el sueño, el tono muscular se suelta por etapas y una sacudida involuntaria es de lo más normal. Quienes estudian el dormir la llaman sacudida hípnica. Mucha gente la vive como un escalón que falla en la oscuridad o como una caída desde alto, y se despierta de golpe. Ocurre más cuando vienes sin fuerzas, has dormido poco o das una cabezada en una silla o en un avión. Es un fenómeno corriente del cuerpo y no indica que pase nada.
La literatura onírica lleva siglos tratando la altura como posición y la caída como su pérdida. En castellano ocurre lo mismo que en otras lenguas: mantenerse en pie, pisar firme o perder pie sirven a la vez para el equilibrio y para la posición social. Caer y agarrarse antes del golpe se leía como una dificultad salvada. Caer sin miedo ninguno, que hay quien describe como casi agradable, se leía de otra manera, más cerca de soltar algo que llevabas apretado.
Corre una creencia muy repartida según la cual llegar al suelo mientras duermes te mata. No hay nada que la sostenga. Un montón de gente cuenta que aterrizó, a veces con estrépito, y que el sueño siguió su curso.
Los relatos se agolpan en épocas inestables: una decisión que está en manos ajenas, un mes que no llega a fin, una relación que se ha quedado callada. Ese patrón es una impresión repetida, no un dato demostrado, y la escena es demasiado frecuente como para deducir nada hacia atrás.
Tu historia manda por encima de todo esto. Quien escala o trabaja en tejados guarda la sensación de altura de una manera muy distinta a quien evita los balcones, y el mismo sueño no cae igual en los dos.


