Los sueños con coches están entre los más contados, y la lectura casi nunca depende del vehículo: depende de en qué asiento viajabas.
El coche es uno de los objetos que más aparece en los relatos de sueños actuales, y la interpretación rara vez depende del vehículo. Depende del sitio que ocupabas. El coche se lee como la manera en que te mueves por un tramo de tu vida, y lo primero que se pregunta es quién conducía.
Los frenos que no responden cuando pisas salen tantas veces que forman un género aparte. La lectura habitual es la sensación de haber perdido la capacidad de frenar algo: una carga de trabajo, una relación que corre mucho, un plan que ha cogido más velocidad de la que querías. Quedarse sin gasolina pertenece a la misma familia y coincide muchas veces con lo más sencillo del mundo, que es el agotamiento. Un coche que no arranca se pone al lado de esos dos, y uno muy abollado habla de cómo te sientes tú y no de ningún vehículo real.
Los vehículos llevan mucha carga personal encima. Si el del sueño era tuyo, el coche en el que aprendiste o el de alguien que ya no está, la escena trabaja con ese recuerdo y no con una idea abstracta de avance. Quien conduce para ganarse la vida sueña con coches como otros sueñan con su mesa de trabajo, y eso ya explica buena parte de estos sueños.


