Los diccionarios de sueños están hechos para lo que se ve, y este se oye. El trueno se lee como aviso, el ruido que llega detrás de lo ya ocurrido.
Casi todas las entradas de un diccionario de sueños describen algo que se ve. Esta describe un ruido, y quien la busca muchas veces no sabe decir cómo estaba el cielo. Esa diferencia le da forma a la interpretación. Una lectura extendida dice que el trueno vale por el anuncio y no por el suceso, el ruido que sigue a una descarga que ya se produjo, y por eso se mantiene aparte del rayo y se entiende como la noticia de algo antes que como la cosa misma.
Cuando aparecen los dos, el material antiguo les reparte tareas distintas. El relámpago es el golpe, repentino y con destinatario. El trueno es lo que te llega después, y el hueco entre uno y otro se ha leído como la distancia entre un hecho y el momento en que quien sueña se entera. Un retumbar que se queda lejos y nunca acaba de llegar es de las versiones más contadas, y suele tomarse por la sensación de que algo se está cociendo fuera de la vista. Un estallido seco justo encima se lee como una noticia que cae entera de golpe.
Aquí también se gana su sitio una explicación llana. El ruido real entra en el sueño con toda facilidad, y el trueno es de los casos más claros: una tormenta de verdad al otro lado de la ventana, un portazo, el tráfico o un camión pesado se absorben y se reescriben como cielo. Donde las tormentas son estacionales, estos sueños llegan también por temporadas, cosa nada misteriosa. Mirar qué tiempo hizo esa noche es un primer paso razonable y no cuesta nada.
Pesa más el tono que el volumen. El trueno escuchado a cubierto y sin miedo aparece en muchísimas tradiciones como señal de escala, de fuerzas más grandes que una persona, y no se lee como amenaza en absoluto. El que asusta queda más cerca de la aprensión, y quien lo sueña siempre sabe cuál de los dos le tocó. Alguien criado donde el monzón llega cada año no oye el trueno soñado igual que alguien a quien le da miedo desde la infancia, y esa diferencia zanja el sentido mucho antes de que ninguna ficha opine.


