Casi nadie recuerda las caras. Lo que queda es el hecho de que eran dos, y esa duplicidad se viene leyendo como un asunto con dos respuestas todavía abiertas.
Pregunta a cualquiera por este sueño y describirá el parecido antes que a las personas. Lo que se queda es la duplicidad, y de ahí arranca la lectura que ha llegado hasta hoy: los gemelos representan una sola cosa que se presenta en dos formas, y por eso la imagen se pega tan bien a las decisiones en las que las dos opciones siguen abiertas de verdad. A su lado corre una interpretación más vieja que los toma por equilibrio, dos mitades de un mismo carácter sosteniéndose la una a la otra.
Las fuentes que entran en detalle se molestan en separarlos. Dos figuras exactamente iguales se toman por una elección entre opciones que, desde donde está quien sueña, valen lo mismo, que es justo el tipo de elección capaz de dejar a alguien parado durante meses. Unos gemelos que se diferencian, o que se comportan de otra manera, se leen como dos lados de una misma persona que no se ponen de acuerdo, uno prudente y otro nada prudente. Los sueños en que uno es amable y el otro no pertenecen a este segundo grupo y casi nunca hablan de terceros.
Esta versión sale lo bastante como para tener su propia línea de interpretación. En el material antiguo apunta a un asunto que ha doblado de tamaño, o a algo nuevo que llega con mucho más pegado de lo previsto, y aparece alrededor de trabajos recién estrenados, mudanzas y proyectos que crecieron solos. Conviene decirlo con claridad: aquí la imagen no se trata como ninguna señal de embarazo, y ninguna tradición onírica tiene autoridad para afirmar tal cosa.
Para un gemelo, o para quien cría gemelos, es probable que nada de lo anterior venga al caso. El sueño es doméstico, las figuras son personas concretas con su nombre, y leerlas como símbolo puede ser el error de partida. Quien esté en esa situación hará mejor empezando por la relación que hay en la escena y dejando esta página cerrada mientras no se gane volver.


