Ruina en un libro de sueños y renovación en el siguiente. Lo que inclina la balanza es el tamaño de las llamas y el lugar desde el que se miraba.
Ninguna imagen de este diccionario parte sus lecturas de forma tan tajante como el fuego: en una tradición destruye y avisa, en otra limpia y renueva, y por eso la misma casa ardiendo aparece como ruina en un libro y como despeje en el siguiente. Lo que decide en la práctica es el tamaño de las llamas y desde dónde mirabas.
Una chimenea, un fogón, un candil o una hoguera con gente alrededor se leen como calor, compañía y energía bajo control. El fuego que se ha salido del sitio que le hicieron se lee al revés, como algo que corre más de lo que nadie puede manejar. En esa distinción la tradición se mantiene bastante firme aunque discrepe en todo lo demás.
El humo sin llama tiene lectura propia, normalmente la sospecha de un problema antes de que se vea. No encontrar de dónde sale es la parte que más se recuerda al día siguiente.
Ver el incendio a distancia y estar dentro de él se tratan como dos sueños diferentes. Quien mira cuenta fascinación tanto como miedo, y ahí la interpretación antigua hablaba de una energía que aún no has reclamado. Que el fuego te atrape se entiende como urgencia, la sensación de una situación que va demasiado rápido, y aparece en relatos de gente con un plazo que no ha puesto ella.
Quien ha vivido un incendio real, o se dedica a apagarlos, sueña con fuego en otra clave por completo, y para esa persona la escena puede ser recuerdo antes que metáfora. Los diccionarios de símbolos no sirven para eso, y la lectura buena es la que aporte su propia experiencia. Conviene decir también, sin rodeos, que soñar con un incendio no es ningún aviso sobre tu casa.


