Casi siempre es el ensayo de una entrevista real, y cuando no hay ninguna a la vista, la imagen de que te miden con una vara que puso otro.
La mayoría se topa con este sueño en la quincena anterior a una entrevista de verdad, y en ese caso apenas hay nada que descifrar. Cuando llega sin ninguna cita parecida en la agenda, la lectura heredada habla de la sensación de que te evalúan, de algún rincón de la vida donde te miden con una vara que tú no ayudaste a poner. Al dormir se echa mano de la escena de juicio más conocida que haya cerca y se reutiliza.
Esta imagen llega mucho más allá del empleo. Se cuenta durante trámites de custodia, solicitudes de visado, primeras comidas con la familia de la pareja, esperas de resultados y cualquier temporada en la que otra persona tenga en la mano una decisión sobre tu vida. Lo que todo eso comparte no es el trabajo, sino el sitio que ocupas al otro lado de la mesa.
El detalle al que agarrarse es la pregunta que no supiste contestar. Quien consigue recordarla descubre a menudo que nunca fue una pregunta de trabajo, y ese reconocimiento suele darle bastante más que todo el simbolismo junto.
Dónde estés tú en la vida despierta también cambia el cuadro. Quien se dedica a entrevistar candidatos se encuentra la escena desde el otro lado de esa mesa, y para esa persona es mucho más probable que trate de los juicios que emite que de los que recibe.


