Pregunta a dos personas qué significa un cuervo en sueños y te darán respuestas opuestas, casi siempre según el país donde contaban cuentos sus abuelos.
Pregunta a dos personas qué significa un cuervo en sueños y saldrán respuestas contrarias, normalmente según el país en el que sus abuelos contaban historias. En buena parte de Europa el ave entra en los libros de sueños como augurio y como plañidera. En fuentes japonesas, nórdicas y de varios pueblos nativos americanos es una figura lista y con recursos, mucho más cerca del mensajero que de la amenaza.
Su relación con la muerte y con las malas noticias es real, antigua y limitada geográficamente, y merece nombrarse como folclore en lugar de repetirse como hecho. Los cuervos seguían a los campos de batalla y comían carroña, lo que basta y sobra para explicar la fama sin necesidad de ninguna profecía. Ninguna lectura responsable trata al ave como pronóstico de nada. Donde la asociación vieja aún sirve de algo es como descripción de un ánimo: el presentimiento de que hay algo a punto de anunciarse, que se cuenta mientras se espera una noticia que no está en tu mano.
Los cuervos están entre los pocos animales que fabrican y usan herramientas, reconocen caras humanas concretas y guardan algo muy parecido al rencor. La interpretación moderna se apoya en todo eso. Un cuervo solo mirándote se toma como darse cuenta de algo que preferirías no ver. Un grupo entero, ruidoso y coordinado, se liga al chismorreo, al juicio colectivo, o a un conjunto de gente cuya atención has atraído. El graznido es lo que más recuerda quien sueña, y que un cuervo te hable es una variante frecuente que se entiende como un mensaje del que ya eras medio consciente.
Quien da de comer a los cuervos del jardín y los distingue uno a uno no va a soñar la versión folclórica. Quien creció con las rimas de contar urracas y cuervos puede encontrar el mismo sueño realmente inquietante diga lo que diga cualquier diccionario. Las dos cosas valen, porque las dos describen a quien sueña y no al ave.


