Un sueño de acción que ha tenido casi todo el mundo, casi siempre con la misma pega: las piernas se mueven y el cuerpo no llega a ninguna parte.
Los intérpretes separan dos carreras antes de mirar cualquier otra cosa: ir detrás de algo y escapar de algo. La urgencia es lo que la tradición reconoce en esta imagen, y la dirección decide de qué urgencia se trata. Correr hacia un tren que sale, hacia una persona en un andén o hacia un edificio que se aleja cuanto más te acercas se toma como deseo; correr con algo detrás se comenta casi siempre junto al sueño de persecución, y los libros viejos lo enlazan con aquello que se esquiva durante el día.
Casi todo el que cuenta este sueño menciona lo mismo: corría y no avanzaba, con las piernas pesadas y el suelo vuelto de melaza. Detrás hay una causa llana. Durante el sueño REM el cuerpo desconecta casi todo el movimiento voluntario, de modo que la cabeza dormida da la orden de correr y no recibe confirmación de que se esté corriendo; el desajuste se representa como esfuerzo sin desplazamiento. A eso se suman las sábanas enredadas, una postura rara o una caminata larga del día anterior. Conviene decirlo claro porque la sensación inquieta a algunas personas: está demasiado extendida como para tomarla por señal de que a un cuerpo le pase algo.
Existe una tercera variante que casi nunca sale en las listas: correr sin nada de por medio, ligero y a buen ritmo, por el simple placer de hacerlo. Se comenta como capacidad y como energía disponible, y es de los pocos sueños de este apartado que fastidia terminar. Quien sale a correr a menudo lo tiene más veces, lo que apunta a un cuerpo ensayando de noche lo que practica de día.
Para alguien que ha tenido que correr de verdad, huyendo de una violencia, de una catástrofe o de un lugar que hubo que abandonar, estas mismas escenas pesan de una manera que ninguna lectura general debería aplanar. Lo que ha significado correr en tu propia biografía va primero, y la tradición viene después.


