Casi ningún animal se lee de forma tan distinta según dónde se escribiera la interpretación: prosperidad en unos sitios, apetito sin medida en otros, sin respuesta universal.
Dos diccionarios de sueños pueden darte respuestas opuestas sobre este animal, y cada uno tiene razón dentro de su propia tradición. En buena parte de Europa y de Asia oriental el cerdo representa prosperidad y abundancia: un animal que engorda a ojos vistas y convierte las sobras en comida, asociación que sobrevive en objetos tan cotidianos como la hucha con esa forma. En otras culturas se considera impuro, y allí la lectura gira hacia el apetito sin freno. Las dos cosas son herencias culturales, no datos sobre el bicho, y cuál te toca depende sobre todo de dónde te criaste.
Dejada esa capa aparte, se trabaja con la conducta. Un cerdo bien alimentado en una pocilga limpia pasa por suficiencia y por una casa que va tirando con holgura. Un cerdo entre porquería apunta a descuido, casi siempre de una situación y no de una persona. El que anda suelto, embiste o no hay manera de atrapar entra en el grupo de sueños con animales que hablan de algo salido de su sitio. Los lechones tienen versión propia y desde hace mucho se ligan a aumentos pequeños y a responsabilidades que se multiplican más rápido de lo previsto.
La rama del apetito incomoda, así que conviene decirla con cuidado. Quienes la usan señalan el querer, no el comer, y la aplican a cualquier forma de consumo: comprar, acumular, aceptar más carga de la que cabe. No es un comentario sobre el cuerpo de nadie y ningún intérprete serio la emplea así.
Alguien criado entre ganado ve un animal al que ha echado de comer; alguien que solo ha oído la palabra como insulto ve el insulto. Esos dos sueños comparten el dibujo y nada más. Antes de coger cualquiera de las dos mitades de la tradición, mira a cuál de ellas se parecía el tuyo.


