El instante en que un peligro que se vigilaba deja de vigilarse, leído como algo que se llevaba a distancia y por fin ha hecho contacto.
Este es el sueño del que la gente despierta de golpe, muchas veces con la mano apretada sobre el sitio donde ocurrió. Una mordedura es el momento en que un peligro que se estaba vigilando deja de vigilarse, y la lectura va detrás de esa lógica: algo de lo que quien sueña era consciente y mantenía a distancia ha llegado por fin a tocarlo.
El lugar se toma como el dato informativo. Una mordedura en la mano se agrupa con el trabajo y con aquello que quien sueña ha estado manejando. En el pie o en la pierna se ata al avance y a un viaje interrumpido. Cerca del corazón o de la garganta va con la palabra y con la cercanía. Que te muerdan mientras duermes dentro del sueño lo cuenta gente con la sensación de que algo se desarrolló mientras no miraba.
No todas las versiones son sombrías. En el material mediterráneo antiguo la serpiente pertenecía a la medicina, y el veneno y el remedio se entendían como una misma sustancia en cantidades distintas. Quienes trabajan en esa línea leen la mordedura como algo doloroso que cambia a quien sueña para bien, cosa bastante diferente de la lectura folclórica europea sobre la deslealtad. Ninguna de las dos es la autorizada, y conviene conocer ambas antes de quedarse con una.
Quien camina entre hierba alta en un país donde la serpiente es un riesgo real está soñando con un suceso plausible. Quien vive en una ciudad donde las únicas serpientes están tras un cristal está soñando con una idea. No son el mismo sueño, y de los dos es el urbano el que tiene más probabilidades de estar funcionando como símbolo.
Por decirlo sin rodeos: aquí no hay ningún aviso, médico ni de otro tipo, y ninguna imagen de sueño informa sobre el cuerpo ni sobre la seguridad de nadie.


