Signos opuestos y por qué se atraen

Los seis pares que se miran desde lados contrarios de la rueda, por qué la tradición los lee como dos mitades que se completan y dónde aparece el roce.

Cada signo del zodiaco tiene enfrente otro y solo uno: el que ocupa el lugar contrario de la rueda de doce, seis puestos más allá y medio año de diferencia en el calendario. Las parejas son seis: Aries con Libra, Tauro con Escorpio, Géminis con Sagitario, Cáncer con Capricornio, Leo con Acuario y Virgo con Piscis. A esa separación de 180 grados, media circunferencia, la astrología la llama oposición, y la lee como un tirón mutuo y no como un problema.

Las seis parejas y lo que cada una parte en dos

El esquema es siempre el mismo: se coge una necesidad humana corriente, se parte por la mitad y se le entrega un trozo a cada signo.

  • Aries y Libra. Decidir solo o decidir contando con el otro. Uno se fía del primer impulso; el otro no arranca hasta haber preguntado a los dos lados.
  • Tauro y Escorpio. Lo mío frente a lo nuestro. De un lado la calma, lo que se conserva y se disfruta; del otro todo lo que se comparte, se arriesga o se entrega.
  • Géminis y Sagitario. El dato frente al sentido. Uno reúne y compara; el otro pregunta para qué sirve junto todo ese montón.
  • Cáncer y Capricornio. El hogar frente al mundo de fuera. A quién se cuida en privado y qué se levanta donde todos lo ven.
  • Leo y Acuario. La persona frente al grupo. Cariño dirigido a unos cuantos nombres concretos, o un principio aplicado a todo el mundo por igual.
  • Virgo y Piscis. La pieza frente al conjunto. Uno mejora el detalle que tiene delante; el otro se niega a trocear el cuadro.

En ninguna de esas seis líneas hay una virtud frente a un defecto: son dos posturas razonables mirándose de cara, y por eso estas discusiones duran años sin que ningún extremo gane del todo.

Enfrente no quiere decir enemigo

Contar seis puestos siempre te deja en la misma modalidad, el reparto que separa a los signos según prefieran arrancar algo, sostenerlo o irlo cambiando sobre la marcha. Aries y Libra arrancan los dos, Tauro y Escorpio sostienen los dos, Géminis y Sagitario se adaptan los dos. Así que dos opuestos van a la misma velocidad y disfrutan de la misma fase del trabajo. No discuten por el ritmo, discuten por el rumbo.

Con los elementos pasa lo mismo. Cada signo pertenece a una de estas cuatro familias, agua, tierra, aire o fuego, y en cada familia caben tres signos. El fuego mira siempre al aire y la tierra mira siempre al agua, de modo que ninguna pareja de opuestos enfrenta fuego con agua ni tierra con aire. Y esas dos mezclas son justamente las que la tradición ya considera cómodas.

Los planetas que la astrología antigua pone al frente de cada signo repiten el dibujo. Aries y Libra enfrentan Marte con Venus, y Tauro y Escorpio usan esos dos mismos al revés; Cáncer y Capricornio colocan a la Luna delante de Saturno.

La mitad que tú no haces

La idea tradicional cabe en una frase: lo que sueles dejar fuera está justo enfrente. De cada signo se dice que tiende a pasarse en su propia mitad del eje, la línea que une a los dos opuestos, y el correctivo está escrito en el signo de enfrente. Un Sagitario segurísimo del panorama general y flojo en los detalles está mirando a Géminis. Una Virgo metida hasta el cuello en detalles y sin idea del conjunto está mirando a Piscis.

Llevado a una relación, eso es encaje y no parecido. Dos personas que ven una situación igual se dan la razón y no aprenden nada. Dos personas del mismo eje quieren lo mismo y no se ponen de acuerdo en el camino, así que cada una obliga a la otra a tener en cuenta algo que se habría saltado. A eso apunta el refrán de que los contrarios se buscan, aquí y en cualquier otro sitio.

La misma geometría se ve en el cielo todos los meses. La Luna muestra el disco completo cuando la Tierra queda entre ella y el Sol, es decir, cuando ocupa el punto contrario al que cruza el Sol, y entonces la luz solar da de lleno en la cara que miramos. Una luna llena es una oposición que puedes salir a ver.

El tirón y el fastidio son el mismo mecanismo

Pregunta por ahí qué signo no soporta cada uno y aparecerá el propio opuesto muchas más veces de las que cabría esperar. No contradice la atracción: es lo mismo visto desde el otro lado. Los astrólogos lo llaman proyección, que aquí significa dejar en manos ajenas la mitad del eje que uno no quiere hacer y enfadarse después con quien la hace.

Los reproches se parecen sospechosamente entre sí. Un Capricornio que jamás se permite necesitar nada ve a Cáncer pegajoso. Un Cáncer que nunca ha pedido que le reconozcan un mérito ve a Capricornio frío y calculador. Acuario dice de Leo que solo habla de sí mismo; Leo dice de Acuario que es un témpano con teorías. Cada queja está bien apuntada, y apunta a la mitad que falta.

Por eso la oposición figura entre los ángulos tensos y no entre los cómodos: tenso aquí quiere decir que exige trabajo y devuelve algo, mientras que los cómodos no exigen nada y, según esa misma lectura, devuelven poco.

Oposiciones más allá del signo solar

Todo lo anterior habla de signos solares porque es el dato que casi cualquiera conoce de sí mismo. En realidad la oposición es un ángulo entre dos puntos cualesquiera de una carta astral, el mapa del cielo dibujado para tu fecha, tu hora y tu lugar de nacimiento. Dos cuerpos separados 180 grados dentro de ese mapa están en oposición, y eso ya no tiene nada que ver con el signo que dices en una cena.

Cada carta lleva además un opuesto de serie. El punto contrario al ascendente, o sea al signo que despuntaba por el este en tu minuto de nacimiento, se llama descendente, y la tradición lo relaciona con la pareja y con el trato con los demás. Si el ascendente es Tauro, ahí queda Escorpio. Quien conoce su hora de nacimiento suele ver en ese eje un retrato más afinado de lo que busca en otra persona.

Cuando se comparan dos cartas enteras, práctica conocida como sinastría, las oposiciones entre una y otra aparecen tanto en parejas que aguantaron décadas como en parejas que discutieron diez años y lo dejaron. El ángulo dice que un asunto les importa a los dos, no cómo lo llevaron.

Cuánto peso darle

Por sí solo, poco. Quien ha buscado un patrón de signos solares en grandes registros de matrimonios no lo ha encontrado, y cualquier sistema que reparta a la humanidad en doce cajones acierta a menudo por pura casualidad. Dos personas no son dos etiquetas.

Donde el eje sí resulta útil es como pregunta. Si una discusión vuelve siempre con la misma forma, merece la pena mirar qué extremo de una única necesidad compartida defiende cada uno, porque eso convierte a alguien que se equivoca en una necesidad partida en dos. El zodiaco no descubrió ese mecanismo: le puso nombre a seis versiones de él y las colocó en círculo.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el signo opuesto al mío?
Avanza seis signos desde el tuyo en el orden del calendario y ahí lo tienes; si cuentas seis hacia atrás llegas al mismo sitio. También sirve mirar las fechas, porque tu opuesto ocupa el periodo que cae medio año después de tu cumpleaños. Quien nace a finales de julio tiene delante, por tanto, el tramo de finales de enero.
¿Son los signos opuestos la mejor pareja?
La tradición los puntúa alto, sobre todo porque llevan un ritmo parecido y sus elementos se llevan bien. Aun así es un punto de partida y no un veredicto, ya que una comparación seria mira dos cartas completas y no dos signos solares. Hay parejas de opuestos que funcionan y otras que no, en una proporción muy parecida a la de cualquier otra combinación.
¿Por qué me cae tan mal mi signo opuesto?
Suele pasar justo con el rasgo que has decidido no desarrollar en ti. La pista está en lo concreta que resulta la manía: no es antipatía general, sino la misma queja repetida sobre lo mismo. El consejo clásico es tomar ese fastidio como información sobre tu propio lado y no sobre la otra persona.
¿Tienen algo en común dos signos opuestos?
Más que la mayoría de las parejas, en realidad. Coinciden siempre en la modalidad, es decir, en si arrancan las cosas, las sostienen o las van cambiando, de manera que los dos prefieren la misma fase de cualquier asunto. Sus elementos son además de los que la astrología clásica cuenta como llevaderos, y comparten lo que los textos antiguos llaman polaridad, con fuego y aire en un grupo y tierra y agua en el otro.

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