Qué compara de verdad la puntuación de afinidad entre dos signos, de dónde sale ese número y qué preguntas de una relación real no responde nunca.
La afinidad entre dos signos se calcula contando cuántos puestos los separan en la rueda de doce y leyendo luego el significado que la tradición da a esa distancia. Cuatro puestos de separación es la nota más alta de casi todas las tablas que circulan y tres puestos la más áspera, y de ese único recuento sale el porcentaje de cualquier test. Lo que mide ese número no es si una pareja va a durar, sino cuánto tienen que traducirse el uno al otro para entenderse.
Coloca los doce signos en círculo, de Aries a Piscis, y elige dos. Cuenta los pasos que hay entre ellos por el camino corto y siempre sale un número entero del cero al seis, porque a partir de ahí ya estás volviendo hacia el punto de partida. Cada paso vale treinta grados, la doceava parte de una vuelta, así que el recuento se convierte sin más en un ángulo. A ese ángulo entre dos puntos de la rueda se le llama aspecto, y de los aspectos salen todos los veredictos.
Contar cuatro puestos te lleva siempre a un signo de tu propio elemento, ya que los doce se reparten en cuatro familias de tres: fuego, tierra, aire y agua. Contar tres te deja siempre en un signo de tu misma cualidad, que es la división entre los que arrancan las cosas, los que las mantienen y los que las transforman. Ahí está el motor entero de la puntuación.
Compartir elemento significa que dos personas van a una velocidad parecida y expresan las cosas en un tono parecido, con lo cual el trajín normal de una semana necesita menos explicaciones. Compartir cualidad significa que las dos quieren la misma parte del proceso, que suena a acuerdo y se comporta como competencia. Ninguno de los dos resultados es una predicción: el recuento no sabe absolutamente nada de esas dos personas concretas y reparte el mismo veredicto a todos los Tauro y todos los Virgo que hay vivos.
El signo solar dice dónde estaba el Sol, una de las diez posiciones que anota una carta astral, que no es más que el retrato del cielo sobre un sitio concreto en un minuto concreto. Varias de las otras posiciones tienen bastante más que decir sobre una relación que el propio Sol.
Comparar dos cartas enteras tiene nombre propio, sinastría: se ponen una al lado de la otra y se miden las distancias entre los planetas de una y los de la otra. Da algo mucho más concreto que un porcentaje de titular, aunque exige la hora de nacimiento real de las dos personas, y ahí es donde se detienen casi todas las comparaciones de andar por casa.
La consecuencia práctica se comprueba fácil. Dos personas del mismo signo nacidas con una semana de diferencia pueden no parecerse en nada, y una tabla que solo mira el Sol les dará el mismo resultado frente a cada pareja que tengan en la vida.
Una nota baja habla de roce, no anuncia un fracaso. En los textos antiguos la cuadratura no es la combinación que se rompe, es la que cambia a las dos personas, con el argumento de que nada te hace revisar una costumbre más deprisa que convivir con alguien que no la tiene. Hay matrimonios larguísimos montados justo sobre las combinaciones que las tablas desaconsejan, y parejas cómodas que se acaban continuamente.
Conviene ser todavía más claro en esto. Se ha buscado relación entre las parejas de signos y los registros reales de matrimonios y separaciones, incluso en muestras grandes tomadas de estadísticas nacionales, y no ha aparecido ningún efecto que aguante al repetir el estudio. La astrología de la afinidad es un idioma para describir una diferencia, no un aparato que prediga un desenlace, y cualquier sitio que te entregue un porcentaje debería decirlo sin rodeos.
Lee la descripción y pasa del número que la corona. Un texto que dice que en vuestra pareja una persona decide en el acto y la otra necesita consultarlo con la almohada vale más que cualquier puntuación, porque nombra algo que puedes contrastar con lo que pasó la semana pasada. Esa es la parte de la tradición que se gana el sitio: pone palabras a una diferencia que muchas parejas discuten sin llegar a describirla.
Una combinación marcada como tensa te avisa de dónde va a vivir la discusión, y saberlo de antemano resulta más útil que oír que hacéis buena pareja. Una combinación marcada como fácil trae su propio aviso: dos personas que casi nunca rozan suelen enterarse tarde de que hay un problema.
Lo que una lectura así no puede hacer es decidir si te quedas o te vas. No tiene forma de saber cómo se comporta cada cual bajo presión, por lo que habéis pasado hasta aquí ni si os tratáis bien en un mal día. Eso es lo que inclina la balanza, y nada de eso aparece en la rueda.


