¿Qué significa la luna llena?

La Luna se coloca enfrente del Sol y la vemos entera: qué ocurre exactamente en el cielo y por qué esa noche se lee como un cierre.

La luna llena es el momento en que la Luna llega al lado del cielo contrario al Sol y la luz solar cae casi de frente sobre la cara que mira hacia nosotros, de manera que vemos el disco encendido de un borde al otro. Es un instante calculado al minuto, no una noche entera, y vuelve cada 29,5 días de media.

Lo que pasa ahí arriba

La Luna no fabrica luz. Todo lo que has visto de ella es sol devuelto, y siempre hay una mitad de bola iluminada y otra mitad a oscuras, exactamente igual que ocurre con la Tierra. Lo único que cambia de una noche a otra es cuánta parte de esa mitad clara nos queda de cara mientras la Luna recorre su órbita.

En la fase llena miramos esa mitad casi de frente. Casi, porque los tres cuerpos no llegan a ponerse en línea perfecta, y menos mal. El camino de la Luna está inclinado unos cinco grados respecto al que la Tierra sigue alrededor del Sol, así que la mayoría de los meses pasa por encima o por debajo de la sombra que nuestro planeta proyecta hacia atrás. Las pocas veces que entra en esa sombra hay un eclipse de Luna, y de ahí que un eclipse lunar solo pueda caer en fase llena y aun así no ocurra todos los meses.

La geometría se comprueba a simple vista. Una Luna realmente llena sale cuando el Sol se pone, alcanza su punto más alto hacia la mitad de la noche y se esconde al amanecer. Es la única fase que aguanta toda la noche en el aire. Si ves un disco grande sobre tu cabeza a media tarde, no estás mirando la llena, diga lo que diga la fecha: es una luna gibosa, es decir, más de medio disco pero todavía no el disco completo.

Un instante exacto, tres noches parecidas

Nadie distingue a ojo un disco iluminado al 98 por ciento de otro al 100 por ciento. Por eso parece llena tres tardes seguidas, y dos personas que miraron con un día de diferencia se quedan las dos convencidas de haber visto la buena.

Las tablas, en cambio, dan una hora única, y de ahí vienen los desacuerdos de fecha entre un calendario y otro. Las efemérides, que son las tablas con la posición de los astros, se publican en tiempo universal, la hora de referencia mundial. En la España peninsular hay que sumar una hora en invierno y dos en verano, en Canarias una menos, y en México, Bogotá o Buenos Aires hay que restar. Una fase llena fijada a las 00:40 del día 3 en tiempo universal ya cae en el día 3 en Madrid y todavía es la tarde del día 2 en México. Las dos anotaciones son correctas: es el mismo instante escrito en dos relojes, y por eso un calendario lunar solo sirve si está ajustado a tu zona.

Siempre en el signo opuesto al del Sol

Para estar llena, la Luna tiene que ponerse enfrente del Sol, y eso la obliga a ocupar el signo contrario al que el Sol recorre en ese momento. Durante las semanas de Tauro, la luna llena del mes cae en Escorpio. Durante las de Sagitario, cae en Géminis. No caben excepciones, porque la regla sale de la posición de los dos astros y no de una costumbre de astrólogos.

A mucha gente le choca la primera vez, porque la luna llena nunca lleva el nombre de la temporada que estás viviendo. De ahí que todas partan de la misma figura: dos signos enfrentados y ocupados a la vez, uno por el Sol y otro por la Luna.

Lo que la tradición lee en esa noche

Si la luna nueva funciona como punto de salida, la llena se lee desde hace siglos como el punto alto: lo empezado se vuelve visible, llega a término o enseña por fin lo que valía. La imagen ayuda: todo está encendido, nada queda escondido y los dos astros más brillantes tiran cada uno desde un extremo. En la práctica la fecha se usa como recordatorio para cuatro cosas:

  • Rematar. Cerrar lo que ya venía rodando, en vez de abrir un frente nuevo justo ese día.
  • Ver claro. Se dice que por esas fechas suele salir a la luz un dato que faltaba, así que se aprovecha para mirar sin adornos cómo va un asunto.
  • Sostener dos exigencias. Los dos astros en puntos contrarios se leen como el tirón entre dos necesidades igual de legítimas, el trabajo y la casa, los demás y tú, con el encargo de aguantar las dos.
  • Soltar. El uso moderno más extendido, desde apuntar una costumbre en un papel y quemarlo hasta decir en voz alta de qué has terminado.

Son lecturas puestas encima de un ritmo natural muy regular, no efectos que alguien haya medido. Su valor está en el aviso: una cita mensual que te pregunta en qué quedó lo que empezaste vale la pena aunque la Luna no tenga arte ni parte.

Superluna, luna azul y luna de cosecha

La órbita lunar es un óvalo y no un círculo, así que la distancia a nosotros cambia a lo largo del mes. Una luna llena en el extremo cercano se ve alrededor de un 14 por ciento más ancha y un 30 por ciento más brillante que otra en el extremo lejano, y a eso la prensa lo llama superluna. El detalle incómodo es que la diferencia no se aprecia sin una foto de la otra al lado: sola en el cielo, cualquier luna llena parece una luna llena.

La luna azul tampoco tiene nada de azul. Así se llama a la segunda luna llena que cae dentro de un mismo mes del calendario, algo que ocurre cada dos o tres años porque 29,5 días dejan margen de sobra en casi todos los meses. La luna de cosecha es la llena más cercana al equinoccio de septiembre en el hemisferio norte, y el nombre se lo ganó a pulso: por esas fechas sale poco después del atardecer varias tardes seguidas y daba a los labradores un rato más de luz para acabar la siega. En Chile o en Argentina ese papel lo cumple la llena de marzo, porque allí las estaciones van al revés.

¿Altera de verdad el comportamiento?

Las afirmaciones que más se repiten, más partos, más accidentes, más noches en vela, se han puesto a prueba muchas veces. Los resultados salen flojos y se contradicen entre sí, y los estudios grandes no confirman lo que anunciaban los pequeños. No hay pruebas firmes de un efecto de la Luna sobre la conducta humana, y quien te diga lo contrario va muy por delante de lo que se ha demostrado.

En cambio, dos explicaciones más sencillas se sostienen bien. La primera es la luz: una noche así está de verdad clara, y durante casi toda la historia esa claridad decidía si se salía de noche o se esperaba al día siguiente, motivo suficiente para que la fecha pesara antes de que existieran los horóscopos. La segunda es la atención: en cuanto sabes que toca hoy, una noche movida se apunta en la cuenta de la Luna, mientras que la misma noche movida quince días antes pasaba por una mala noche cualquiera.

Preguntas frecuentes

¿Por qué parece enorme cuando sale por el horizonte?
No crece: es un engaño de la vista. Medida con un instrumento ocupa el mismo ancho aparente, medio grado, junto al horizonte que en lo alto del cielo. Fotografíala dos veces la misma noche con el mismo objetivo y los dos discos coinciden. Los especialistas en visión todavía discuten a qué se debe la ilusión.
¿Cuántas lunas llenas hay en un año?
Doce en la mayoría de los años y trece más o menos una vez cada tres. Doce ciclos de 29,5 días suman unos 354 y dejan once sueltos antes de que termine el año civil, un resto que se va acumulando hasta que cabe un paso más. Los años de trece salen solo de ese desajuste.
¿Qué quiere decir que caiga en mi signo?
Que el Sol está recorriendo el signo justo enfrente del tuyo, algo que pasa una vez al año, unos seis meses después de tu cumpleaños. Los astrólogos lo leen como una temporada en la que lo que tú quieres se mide con lo que esperan los demás. La tradición lo plantea como una invitación a mirar ese equilibrio, no como un aviso de problemas.
¿Por qué no hay un eclipse cada mes?
Porque los dos caminos, el de la Luna alrededor de la Tierra y el de la Tierra alrededor del Sol, se cruzan solo en dos puntos, llamados nodos. Hace falta que la fase coincida con la Luna cerca de uno de esos cruces para que la sombra terrestre la alcance. Esa coincidencia se da en dos temporadas al año separadas por unos seis meses, y por eso los eclipses llegan agrupados.

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