Los doce periodos completos, con el motivo por el que el paso de un signo al siguiente se adelanta o se retrasa un día según el año.
Las fechas de los signos las decide el Sol, no el calendario. El círculo que el Sol parece recorrer entre las estrellas a lo largo de un año está repartido en doce tramos iguales de treinta grados, y cada signo arranca en el instante en que el Sol pisa el primer grado de su tramo. Como el año no dura un número redondo de días, ese instante cae a una hora distinta cada vez, y por eso una lista imprime un límite el día 22 y la de al lado lo imprime el 23.
Esta es la tabla que circula en casi todas partes. Vale para la mayoría de los años y nunca se separa más de un día del cielo real. Está calculada sobre el meridiano de Greenwich, la línea de referencia que pasa por Londres y desde la que se cuentan las horas del mundo, y un poco más abajo verás por qué ese detalle no es un capricho.
Si tu cumpleaños queda tres o cuatro días dentro de un tramo, la tabla zanja el asunto y no hace falta nada más. Si cae justo en un límite, o en el día de antes o el de después, sigue leyendo: una lista suelta no puede responderte con honestidad.
Una vuelta completa de la Tierra alrededor del Sol dura unos 365 días y seis horas, mientras que el año del calendario tiene 365 justos. Cada doce meses, entonces, el Sol llega al comienzo de Aries con unas seis horas de retraso en el reloj respecto a la vez anterior, y al cabo de tres años ese retraso acumulado roza las dieciocho horas. Llega el 29 de febrero, empuja el calendario un día entero hacia delante y la cuenta vuelve casi al punto de salida.
No es una deriva lenta que se vaya haciendo grande con el tiempo, sino un diente de sierra que se repite cada cuatro años. Dentro de ese ciclo, un límite que un año cae a última hora de la noche cae tres años después de madrugada, ya en la fecha siguiente. En el cielo no ha cambiado nada. Es el calendario el que va unas horas por delante o por detrás.
Cuatro de los doce puntos de partida no son un acuerdo entre astrólogos, sino sucesos astronómicos que cualquier observatorio publica con precisión de minutos.
Aries se abre con el equinoccio de marzo, el instante en que el Sol cruza el ecuador celeste (la prolongación imaginaria del ecuador terrestre sobre la bóveda del cielo) subiendo hacia el norte, y en que el día y la noche duran casi lo mismo en todo el planeta. Cáncer se abre con el solsticio de junio, cuando el Sol alcanza el punto más al norte de su recorrido anual. Libra empieza con el equinoccio de septiembre y Capricornio con el solsticio de diciembre. Los ocho límites restantes reparten los huecos entre esos cuatro en pasos regulares de treinta grados.
Ese anclaje responde de paso a una duda que llega sin parar desde Argentina, Chile y Uruguay: las fechas son idénticas en todo el mundo. Lo que cuenta es la posición del Sol en su camino anual, no la estación que se ve por la ventana, así que Aries empieza con el equinoccio de marzo también allí donde ese equinoccio abre el otoño en lugar de la primavera.
Treinta grados cada uno no significa treinta días cada uno. La órbita de la Tierra es una elipse ligeramente achatada y el planeta corre más deprisa cuando pasa más cerca del Sol, en los primeros días de enero. Visto desde el suelo, el Sol parece entonces darse prisa por los signos de esa época del año y arrastrarse por los de enfrente.
Sagitario y Capricornio son los más cortos, poco más de veintinueve días cada uno. Géminis y Cáncer los más largos, poco más de treinta y uno. Entre el signo más breve y el más extenso bailan casi dos días, y ese es el segundo motivo por el que una lista ordenada solo puede ser una aproximación.
El paso ocurre en un único instante para todo el planeta, pero la fecha que ese instante lleva en el calendario depende de dónde estés. Pon que el Sol entra en el primer grado de Tauro a la 1:20 de la madrugada del 20 de abril, hora peninsular española. En Ciudad de México, ocho horas por detrás ese mes, el mismo instante son las 17:20 del 19 de abril. Un bebé que nazca allí a las ocho de la tarde de ese 19 ya es Tauro, aunque todas las listas den por empezado el signo al día siguiente.
Las tablas publicadas casi siempre están calculadas sobre un solo huso horario y casi nunca dicen cuál. Se suma el horario de verano, que en España adelanta los relojes sesenta minutos desde el último domingo de marzo hasta el último domingo de octubre. Es la tercera fuente de los pequeños desacuerdos entre una lista y otra, y la que menos se espera quien las consulta.
Tres cosas muy concretas hacen que las listas no coincidan: el año, el huso horario y el redondeo a días enteros. Ninguna de las tres es una discrepancia sobre astrología, y las tres se disuelven en cuanto dejas de leer una fila de tabla y haces calcular dónde estaba el Sol en tu fecha, a tu hora y en la ciudad donde naciste.
Alrededor de esos cumpleaños ha crecido además la idea de pertenecer a dos signos vecinos al mismo tiempo, que tiene aquí su propia guía. Para el cielo, en cada segundo el Sol ocupa un signo o el otro, sin término medio.
Y hay una razón práctica para tomarse en serio el detalle. Las fichas de cada signo se escriben dando por hecho que quien las lee se sitúa de lleno dentro de él. Si el Sol seguía en Virgo a tu hora de nacimiento y llevas años leyendo lo de Libra, lo leído sobre Libra no es falso: es que hablaba de otra persona. La astrología es una tradición con la que la gente ordena lo que le pasa, no un método de predicción comprobado, pero si uno la frecuenta, más vale frecuentarla con la fecha bien puesta.


