Aprender a leer el tarot

Cómo se desarrolla una lectura de tarot, desde mezclar las cartas hasta interpretar lo que sale, explicado para quien tiene una baraja en la mano por primera vez.

Una lectura de tarot se apoya en tres gestos: eliges una pregunta, repartes cartas en huecos que representan cada uno una parte de esa pregunta, y tomas la carta caída en cada hueco como la respuesta a ese hueco. La baraja completa tiene 78 cartas, aunque la soltura no viene de habérselas aprendido todas, sino de saber interpretar una sola según el sitio donde ha aterrizado.

Qué hay dentro del mazo

La baraja se parte en dos bloques. Veintidós cartas forman los arcanos mayores (arcano es una palabra antigua para lo escondido), láminas con nombre propio numeradas del cero al veintiuno, como La Torre o La Estrella. Las cincuenta y seis restantes son los arcanos menores y están montadas casi como una baraja de juego: cuatro palos, que suelen llamarse bastos, copas, espadas y oros, cada uno del as al diez y rematado con cuatro figuras, que son las cartas con personaje.

Dos reglas gruesas dan mucho de sí al principio. Los arcanos mayores se leen como los asuntos de fondo de una vida, los que tardan un año en resolverse. Los menores se leen como semanas normales: la conversación, la factura, la decisión del jueves. Un reparto lleno de mayores se entiende por costumbre como algo importante, y uno que solo trae menores, como algo práctico.

El orden de una lectura

Sea sencilla o complicada, toda lectura sigue casi la misma secuencia. Al conjunto de cartas repartido, con su número de huecos y el cometido de cada uno, se le llama tirada.

  • Primero la pregunta. Escríbela si puedes. Una pregunta que cambia a mitad del reparto ya no la pueden contestar las cartas que hay sobre la mesa.
  • Decide cuántas cartas y para qué sirve cada una. Una carta, un significado. Tres cartas, tres cometidos definidos. Los huecos se acuerdan antes de repartir, nunca después para que encaje lo que ha salido.
  • Aclara qué haces con las cartas del revés. Hay quien les da un sentido distinto cuando salen invertidas y hay quien las endereza y las lee siempre igual. Las dos formas valen: elige antes de mezclar.
  • Mezcla y reparte. No existe una técnica correcta ni un número obligatorio de veces. Coloca las cartas boca abajo y dales la vuelta siguiendo el orden de los huecos.
  • Interpreta cada hueco por separado. Di en voz alta qué significa esa carta en ese sitio concreto, no lo que significa en general.
  • Y luego mira el conjunto. Fíjate en lo que se repite: tres espadas juntas, o solo figuras, cuentan algo que los significados sueltos nunca dicen.

Ese último paso es donde una lista de definiciones se convierte en una lectura de verdad. Mucha gente se detiene en el penúltimo y luego se pregunta por qué el resultado parece un puñado de frases sin relación entre ellas.

Cómo interpretar una carta que no conoces

Vas a levantar cartas cuyo significado no has aprendido, y buscarlas una por una en el libro corta el hilo. Existen tres asideros que funcionan sin consultar nada.

El dibujo. Describe con palabras llanas qué está pasando en la lámina: quién sale, qué hace, si va hacia algo o se aleja, si la escena está llena o vacía. La mayoría de las barajas se ilustraron para que el dibujo cargara con el sentido, así que tu descripción sencilla suele quedar cerca del significado heredado.

El palo. Cada palo se ocupa de un terreno. Bastos: empuje, trabajo en marcha, proyectos. Copas: sentimientos, vínculos, relaciones. Espadas: pensamiento, conflicto y lo que se dice. Oros: dinero, oficio, cuerpo y todo lo material.

El número. Dentro de un palo, los números forman una progresión. Los ases son comienzos y materia en bruto, las cifras centrales son el desarrollo, los cincos marcan por costumbre el punto de roce y los dieces cierran el recorrido, para bien o para mal. Las figuras se toman como personas metidas en el asunto o como una manera de afrontarlo.

Palo, número y una mirada honrada al dibujo bastan para sacar una interpretación decente de cualquier carta del mazo. La precisión llega después, y llega de repetir, no de memorizar más fuerte.

Preguntas que la baraja puede contestar

La calidad de una lectura la decide casi entera la pregunta, y las de sí o no producen las peores. Si preguntas si te van a dar el empleo, sacas una carta a la que después tienes que retorcer para que diga que sí. Si preguntas qué te ayudaría a llegar bien a esa entrevista, la misma carta ya tiene con qué trabajar.

Las preguntas que rinden empiezan por qué o por cómo: qué me estoy negando a ver aquí, cómo puede evolucionar esto si nadie mueve ficha, cuánto me costaría de verdad esta decisión. Las que tratan de tu propia conducta funcionan mejor que las que tratan de lo que hará alguien que no está en la habitación.

Dos costumbres que conviene dejar. No repitas el reparto sobre el mismo asunto porque la respuesta no te haya gustado, ya que la segunda vez eres tú corrigiendo a la primera con pasos de más. Y no lleves a una baraja decisiones médicas, legales o de dinero: eso pide un profesional, y que una lectura resulte convincente no dice nada sobre tu salud ni sobre tu cuenta.

Qué puede hacer de verdad una lectura

El tarot es una tradición de interpretación, no un procedimiento demostrado para ver lo que viene. No hay ninguna prueba de que las cartas sepan nada de tu futuro, y cualquier explicación honrada del asunto arranca por ahí.

Lo que las cartas sí hacen es obligarte a poner cosas en palabras. Una imagen que llega al azar y cae en un sitio con un cometido definido te fuerza a decir algo concreto de tu propia situación, y muchas veces eso que dices ya lo sabías sin haberlo formulado. El mérito es del armazón: una pregunta cerrada, unos huecos fijos y un estímulo que tú no has escogido, mucho más difícil de esquivar que darle vueltas a solas.

Apunta cada lectura en dos líneas: la fecha, la pregunta, las cartas y lo que entendiste. Vuelve a esa libreta unos meses más tarde. Ese registro enseña más que cualquier significado suelto y te obliga a la honradez sobre qué interpretaciones se sostuvieron y cuáles solo te agradaron aquel día.

Preguntas frecuentes

¿Hace falta que te regalen la primera baraja?
No, eso es folclore y no cambia nada del funcionamiento del mazo. Comprarte la tuya resulta completamente normal. Merece más la pena elegir unas ilustraciones que te guste mirar, porque vas a tener esas imágenes delante durante años.
¿Tengo que saberme las 78 cartas antes de mi primera tirada?
En absoluto, y esperar a saberlas es la vía más lenta para aprender. Empieza sacando cartas de una en una y deduce el sentido a partir del palo, del número y de lo que ves dibujado. Consultar sobre la marcha fija la baraja en la cabeza mucho antes que estudiarla de antemano.
¿Las cartas pueden decirme lo que va a pasar?
No se ha podido demostrar que lo hagan, y vale la pena decirlo sin rodeos. Una tirada te ofrece estímulos que te llevan a describir tu situación con más precisión de la que emplearías por tu cuenta. Tómala como una forma de pensar y no como información sobre acontecimientos futuros.
¿Con cuántas cartas conviene empezar?
Con una, que ya constituye una lectura completa y es el mejor punto de partida. Una carta diaria crea familiaridad deprisa, porque puedes contrastar tu interpretación con la jornada que viene detrás. Añade más huecos cuando seas capaz de leer una carta suelta sin buscar la chuleta.

Para seguir leyendo