De vista aguda y trabajador incansable, el Gallo se enorgullece de hacer bien su tarea y de entregarla antes de la fecha límite.
En mitad del otoño todo se cuenta, se clasifica y se guarda, y esa es la estación del Gallo, animal de metal, décimo en la fila de doce. Te describe igual: observador, ordenado y poco dispuesto a dejar pasar una chapuza. Ten presente que el año chino se estrena con la luna nueva de esa temporada, de manera que un cumpleaños de mediados de enero o de comienzos de febrero pertenece casi siempre al animal del año anterior.
Al Gallo no se le escapa nada. Ves la errata en la página, el hueco en el estante y la mancha en la chaqueta, y tu primer impulso es decirlo. Eres puntual, vas bien puesto y te enorgullece tu competencia; prefieres que te corrijan a quedarte equivocado, y por eso te cuesta ver que los demás no lo viven igual cuando corriges tú.
Fortalezas: Sacas las cosas adelante, a tiempo y con un nivel. Eres trabajador, organizado y lo bastante valiente para decir lo que nadie más dirá en la reunión. Cumples tus promesas y llevas tus cuentas. Eres más generoso de lo que sugiere tu trato seco, y te vuelves fiero defendiendo a los tuyos cuando alguien los trata mal.
Retos: La crítica, servida demasiado pronto y con demasiado público. Apuntas al trabajo, pero el otro lo oye sobre su persona. El perfeccionismo te empuja a rehacer lo que ya estaba bien, y no te perdonas nada cuando eres tú quien baja el nivel. Además disfrutas de más teniendo razón, y los desacuerdos se convierten en competiciones.
Trabajo y dinero: Destacas donde importan la exactitud y la presentación: administración, contabilidad, control de calidad, sanidad, hostelería, docencia y los oficios de la belleza y la moda. Cuidas el dinero y llevas buenos registros. Tu riesgo es el exceso de trabajo: acabas absorbiendo lo que otros hacen mal.
Amor y compatibilidad: Eres devoto, práctico y de fiar, la pareja que recuerda las citas y mantiene la casa en marcha. Para ti el romanticismo es competencia más lealtad. Lo que hay que vigilar es el comentario continuo, porque nadie quiere una revisión diaria de sus defectos. Elogia en voz alta tantas veces como corriges, y deja pasar las imperfecciones pequeñas.
Mejores afinidades: Ponte al lado de un Buey o de una Serpiente y la vida se vuelve más llevadera: el Buey trabaja tanto como tú y nunca hay que perseguirlo, la Serpiente comparte tu listón pero se lo guarda. El Dragón es la sorpresa, todo empuje y seguridad, encantado de dejarte los detalles en las manos. El que exige esfuerzo es el Conejo, tu opuesto en el ciclo, que necesita suavidad y escucha tu franqueza como una agresión que nunca quisiste lanzar.
Consejo: Pregúntate si la corrección hace falta de verdad antes de soltarla. Deja salir también el pensamiento cariñoso: nadie oye el afecto que hay detrás de tus reproches si no lo dices. Y baja tu propio listón de vez en cuando, en algo pequeño.


